04 febrero 2026

 

Leer es como soñar mirando letras. 1a parte. Librerías en Paris. (MB)

Shakespeare and Company

Shakespeare and Company, rue de l’Odéon, París, ca. 1920. La librería fundada por Sylvia Beach poco después de su apertura, en los primeros años de la posguerra

Este artículo trata más de libreros que de librerías, aunque no sabría explicar con certeza cuál de los dos va primero. Intuyo, más bien, que van juntos. Entrar en una librería tiene tanto encanto —o habría que decir tantos encantos— como librerías existen, siempre que en ellas haya, al menos, un librero.

Analizar la librería Shakespeare & Company va de eso: de libros, de libreros y de librerías. Tanto es así que la librería de Sylvia Beach no es la librería de George Whitman, aunque lo es de muchas maneras; continuidades, ecos y apropiaciones que intento esbozar a lo largo del artículo.
Creo que lo hubiera sido incluso si George no hubiera conservado el mismo nombre Shakespeare & Company.

Es una mesa cultural de cuatro patas, que comienza en 1919 y llega hasta hoy: Adrienne Monnier, Sylvia Beach, George Whitman y Sylvia Whitman.
Un hilo cultural, un continuum de inteligencia emocional puesto en algo precioso, ya que de libros hablamos.

Hace muchos años, en la Buchmesse, la feria del libro de Frankfurt, un colega me dijo «que los editores cambian su sangre por tinta», y que ese gesto es irreversible. Por eso pienso que esta es también una historia coral, de libros, de libreros y de librerías. Y de editores. Y de autores. Y de traductores. Y de lectores. Y, finalmente, de amores y de pasiones, y de espacios donde el espíritu encuentra su lugar bajo la forma de letras. Tal vez por eso ésta sea, en el fondo, una historia coral: de libros, de libreros, de librerías y de editores. De autores, de traductores y de lectores

En un mundo tan amazonado —y no es una metáfora— escribir sobre esto es, también, una forma de catarsis. Recuerdo lo que me dijo mi nietito Moon; tendría quizá cuatro años.
Yo le leía en la cama, él apoyaba su cabeza sobre mi pecho, y yo le leía en voz alta, no recuerdo que libro, le leía muchos.
De pronto, dejé de leer y le pregunté,

– Moon, a vos ti gusta mucho que te lea. ¿Por qué?
Y me respondió con la frase más preciosa que he escuchado sobre la lectura,
– Porque leer es como soñar mirando letras.

Sylvia Beach
La librería Shakespeare and Company fue fundada el 19 de noviembre de 1919. Ha sido —y sigue siendo— una librería independiente y una biblioteca especializada en literatura anglosajona, situada en el quinto distrito de París.

Sylvia Beach

En el número 12 de la rue de l’Odéon, Sylvia Beach dirigió la librería Shakespeare and Company entre 1919 y 1941. Por iniciativa y méritos propios, el local se convirtió en el centro de la cultura literaria anglo-americana en París durante el período de entreguerras. Fue un punto de encuentro habitual de escritores estadounidenses expatriados conocidos como la “Generación Perdida”, denominación atribuida a la escritora de novelas, poesía y teatro Gertrude Stein (1874–1946) y popularizada por Ernest Hemingway, escritor y periodista (1899–1961) que lo utilizó en el epígrafe de su novela “Fiesta”, (The Sun Also Rises, 1926), “Todos vosotros sois una generación perdida «You are all a lost generation»Shakespeare and Company funcionó también como biblioteca de préstamo, algo inusual en París en ese momento.

Editorial Beat. 18 de Abril de 2021. 288 pp. 14 x 20,8. Textos en italiano. Prólogo de Livia Manera. Traduccion de Elena Spagnol Vaccari 

André Maurois fue uno de los primeros en felicitar a la librería recién nacidallevando un ejemplar de su pequeña obra maestra recién publicada Les silences du colonel Bramble (1918), libro que contribuyó decisivamente a su reconocimiento literario. Ezra Pound, que se había trasladado desde Inglaterra a París con su esposa Dorothy Shakespear, se convirtió pronto en cliente habitual de la librería, participando activamente en su red de intercambios literarios y en la difusión de autores modernistas anglosajones en el París de posguerra.

“Shakespeare and Company, es un libro brillante, lleno de anécdotas y antecedentes sobre las vidas de los escritores famosos de París de los años veinte y treinta”. Es la referencia estadounidense en París, Gertrude Stein, con la inseparable Alice B. Toklas”.

Editorial Il Saggiatore

Editorial Il Saggiatore. 1 de Junio 2004. 559 pp 14.5 x 21.5 cm. Textos en italianoAutora Noel Riley Fitch, (historiadora y biógrafa estadounidense), traductores Tina D’Agostini y M. Fiorini.

“A veces sucede, por casualidad o quizás por un destino inescrutable, que las mejores mentes de una época se concentren en un solo lugar, convirtiéndolo en el centro del mundo. En los años veinte y treinta del siglo XX este lugar fue París,».

«el mejor lugar para ser joven, la ciudad ideal para «vivir como genios».

«James Joyce, mientras buscaba editor para la novela monumental que estaba concluyendo —Ulysses—, encontró su principal punto de apoyo en una pequeña librería de la rue de l’Odéon, Shakespeare and Company. El local había sido fundado en 1919 por una joven estadounidense llegada a la Ville Lumière en 1916, profundamente comprometida con la literatura contemporánea y con la promoción de nuevos autores, Sylvia Beach. Ella intuyó el genio de James Joyce y publicó su obra capital, Ulysses (1922), rechazada previamente por numerosos editores anglosajones, que la habían calificado de “incomprensible” y “obscena” a causa de la censura vigente en Estados Unidos y el Reino Unido. Pero Sylvia Beach fue para Joyce mucho más que una editora: durante casi una década se convirtió en su principal sostén, brindándole apoyo material y moral, adelantándole dinero, organizando suscripciones, gestionando contactos editoriales y defendiendo la obra ante lectores y críticos en un contexto de abierta hostilidad institucional». Paráfrasis de las ideas que Fitch desarrolla en su biografía Sylvia Beach e la libreria Shakespeare and Company.

El título L’Ulisse corresponde a traducciones italianas posteriores; la edición original publicada por Beach apareció en inglés, en París, el 2 de febrero de 1922.

Sylvia Beach (nacida Nancy Woodbridge Beach, Baltimore, 14 de marzo de 1887 – 5 de octubre de 1962, Paris) fue hija de un pastor presbiteriano. Pasó su infancia entre Baltimore y distintas localidades de Maryland, siguiendo los destinos pastorales de su padre. En 1901, la familia se trasladó a París cuando su padre fue nombrado pastor de la The American Church in Paris. Posteriormente, Beach residió aproximadamente dos años en España. Durante la década de 1910 colaboró con la Cruz Roja y trabajó para la International Commission on the Balkan Wars, importante experiencia para su formación internacional.
En 1916 se muda a París, para dedicarse plenamente al ámbito literario.

Who is Sylvia? – Jot Down Cultural Magazine

Su biógrafa, Noel Riley Fitch, la definió como “la comadrona del modernismo” (midwife of modernism), en alusión a su papel decisivo en el surgimiento y la consolidación de la literatura modernista anglosajona. Fue una sufragista comprometida y mostró un interés activo por los movimientos sociales y políticos de su tiempo. Viajó a España, donde entró en contacto directo con corrientes libertarias y reformistas, experiencia que influyó en su formación intelectual.

Ya en París, se vinculó estrechamente con la librera y editora francesa Adrienne Monnier (1892 – 1955), su compañera sentimental y aliada intelectual. No abrieron una librería juntas: Monnier dirigía La Maison des Amis des Livres y, a su lado, Beach fundó Shakespeare and Company. La proximidad física y la colaboración entre ambas crearon un polo literario único en la rue de l’Odéon.

Su primer local fue sobre Dupuytren, una calle pequeña y empinada a la vuelta de la esquina de la calle del Odeón. (1)

Adrienne Monnier (2)

Adrienne Monnier (París, 1892–1955 Ibíd) creció en un entorno familiar marcado por una educación rígida. Su padre, de convicciones religiosas protestantes — cercanas al presbiterianismo—, y una madre que fomentó en ella una educación severa y restrictiva, contribuyeron a una formación basada en la disciplina moral y en una actitud de reserva frente a las relaciones con los hombres.

Tras completar sus estudios básicos en 1909, Adrienne Monnier se trasladó a Londres para aprender inglés, donde trabajó como au pair. En 1912, con veinte años, trabaja en la editorial L’Université des Annales, donde permanece aproximadamente tres años, lo que le permitió establecer contactos con otros editores y familiarizarse con el funcionamiento del mundo editorial parisino. Con el apoyo económico de su padre, que le entrega los 10.000 francos que había recibido como indemnización tras padecer un accidente ferroviario, pudo adquirir un local donde inicia su actividad como librera.
En esa época fue cuando Adrienne Sylvia se conocieron.

Sylvia Beach describió así a quien sería su amiga, aliada intelectual y compañera sentimental durante más de diecisiete años, «Adrienne Monnier era una mujer robusta, rubia y blanca como una mujer escandinava, de mejillas sonrosadas y el pelo lacio peinado hacia atrás desde la frente. Sus ojos eran muy llamativos, de un azul gris indefinido, ligeramente saltones…»

Adrienne Monnier convivía entonces con su pareja, Suzanne Bonnière, hasta que aparece en su vida Sylvia Beach. El 15 de noviembre de 1915, Monnier abrió su librería y biblioteca de préstamo, «La Maison des Amis des Livres», en el 7, rue de l’Odéon, París (VI arrondissement). Fue una de las primeras mujeres en Francia en fundar y dirigir una librería independiente, concebida desde el inicio como espacio de lectura, préstamo y debate literario. (3)

El modelo híbrido de librería + biblioteca de préstamo, fue decisivo para atraer a lectores jóvenes y a escritores contemporáneos, que, pocos años después, se consolidaría con la llegada de Shakespeare and Company.

Adrienne la presenta como  “…una librería sin pinta alguna de tienda, sin que fuese nuestra intención; no podíamos ni imaginar que con el tiempo nos alabarían tanto por lo que a nosotras nos parecía precariedad e improvisación”(4) .
Sus colaboradoras fueron su pareja Suzanne Bonnierre y la ayuda de Hélène para hacer los recados. «La Maison des Amis des Livres» fue el corazón del Paris más literario.

Las dos librerías, La Maison des Amis des Livres y Shakespeare and Company, se encontraban en la rue de l’Odéon, una frente a la otra, en el corazón del VI arrondissement de París. Ambas compartían intereses literarios afines y funcionaron de manera complementaria, articulando un espacio único de intercambio entre la literatura francesa y angloamericana. Adrienne Monnier y Sylvia Beach mantuvieron una relación sentimental y profesional estable durante muchos años y convivieron durante un largo período en el apartamento de Monnier, situado en el n.º 18 de la rue de l’Odéon.

En su libro Rue de l’Odéon Adrienne cuenta sobre su actividad:
“(…nuestra primera idea era —y sigue siéndolo— que el verdadero comercio de la librería englobara no solo la venta, sino también el préstamo, y que ambas operaciones se ejerciesen en paralelo. Resulta casi inconcebible comprar una obra sin conocerla. Expreso un sentimiento general cuando afirmo que toda persona de cierta cultura experimenta la necesidad de tener una biblioteca particular compuesta por libros que le gustan, que tiene por amigos buenos y fieles”.

Siempre le faltó espacio para tener los libros que deseaba tener, lo decía así: “El gran drama de una librera es la falta de espacio. Año tras año se van acumulando los libros. Año tras año se hace necesario descubrir un nuevo rincón donde poner otra estantería. Y comprendes también que, aunque te fuese dada la tierra entera, te faltaría espacio. El espacio vital… ¡no es más que un mito!”.

Revistas literarias como Vers et prose, Littérature
La venta de revistas literarias fue una parte importante de su aporte a la vida cultural parisina. El poeta Paul Fort (1872–1960) le vendió las existencias completas de su revista Vers et prose, una de las publicaciones literarias más influyentes de comienzos del siglo XX. Fort había fundado Vers et prose en 1905, en colaboración con Guillaume Apollinaire (nacido Wilhelm Albert Włodzimierz Apolinary de Kostrowicki, Roma, 1880 – 1918 París). Ambos fueron visitantes habituales de la librería, que funcionó también como punto de difusión de revistas y publicaciones periódicas de vanguardia.
Era habitual encontrar al poeta y novelista Louis Aragon (Paris 1897 – 1982 Ibíd), al escritor, poeta y teórico del surrealismo André Breton ( Tinchebray 1896 – 1966 Paris) o al escritor e impulsor del dadaísmo Philippe Soupault (Chaville 1897 – 1990 Paris).

André Breton (Tinchebray, 1896 – París, 1966), Louis Aragon (París, 1897 – París, 1982) y Philippe Soupault (Chaville, 1897 – París, 1990) fundaron en 1919 la revista Littérature, que tuvo una existencia breve (1919–1921), pero fue decisiva en el pasaje del dadaísmo al surrealismo en la vanguardia literaria francesa.

Adrienne Monnier

Adrienne en su libro Rue de l’Odeon describe a André Breton:
“…tenía claramente el tipo arcangelical, como T.S.Eliot, con quien no guarda más semejanzas que pertenecer a esa familia de figuras que vemos erigirse en los pórticos de las catedrales”. ​ 

Otros autores frecuentaban la librería, entre ellos Jules Romains (nacido Louis Henri Jean Farigoule, Saint-Julien-Chapteil, 1885 – París, 1972), la joven novelista Raymonde Linossier (Lyon, 1897 – 1930), el diplomático y poeta Paul Claudel (nacido Paul Louis Charles Marie Claudel, Villeneuve-sur-Fère, 1868 – París, 1955), y el filósofo y ensayista Walter Benjamin (nacido Walter Bendix Schönflies Benjamin, Berlín, 1892 – Portbou, 1940), quien utilizó ocasionalmente los seudónimos Benedix Schönflies y Detlef Holz.

En julio de 1940, Walter Benjamin, desde Lourdes, donde se encontraba en plena huida tras la ocupación alemana de Francia —dos meses antes de suicidarse en Portbou—, escribió a Adrienne Monnier una carta que concluía:
“… me encuentro con usted no solo cuando pienso en París y en la Rue de l’Odéon –que quisiera encomendar a la más poderosa y menos solicitada de las divinidades protectoras–, sino también en muchas de las encrucijadas de mi mente. Me despido de usted expresándole mi más profundo afecto”. ​

Deseo enfatizar que La maison des amis des livres se había convertido en punto de reunión y encuentro de la vanguardia literaria francesa.
Allí convergían el poeta y ensayista Léon-Paul Fargue (1876 – 1947), el escritor, poeta, ensayista y filósofo Paul Valéry (nacido Ambroise Paul Toussaint Jules Valéry, Sète, 1871 – 1945 París), el poeta y novelista Jules Romains (nacido Louis Henri Jean Farigoule, Saint-Julien-Chapteil, 1885 – 1972 París), y el diplomático y poeta Paul Claudel (nacido Paul Louis Charles Marie Claudel, Villeneuve-sur-Fère, 1868 – 1955 París), hermano de la escultora Camille Claudel.

En la rue de l’Odéon coincidían tres generaciones literarias: los simbolistas tardíos, representados por figuras como Paul Valéry Léon-Paul Fargue, quienes prolongaban una poesía de introspección y rigor formal; los unanimistas y escritores de transición, como Jules Romains, que buscaban una conciencia colectiva, asi como un puente entre tradición y modernidad; y una nueva vanguardia que desembocaría en el dadaísmo, que negaba radicalmente el sentido y las formas heredadas, y el surrealismo, articulada en torno a André Breton, Louis Aragon y Philippe Soupault, quienes exploraban el inconsciente como nuevo territorio de creación.
Esa superposición convirtió a las librerías de Monnier Beach en un espacio único de tradición y ruptura.

La Maison des Amis des Livres permaneció abierta durante treinta y seis años, atendiendo a un público exigente, cercano a la polémica intelectual y a la experimentación literaria. En 1951, Adrienne Monnier se vió obligada a jubilarse, ya que un reumatismo infeccioso le impedía continuar con su actividad cotidiana al frente de la librería.

Su enfermedad, el síndrome de Ménière, afectaba sin piedad su oído izquierdo. Los dolores se intensificaban, los zumbidos se volvían cada vez más insoportables y las migrañas más acusadas, en el marco de una dolencia inflexible ante cualquier tipo de tratamiento.

No puede aguantarlo más y toma la drástica decisión de poner fin a su vida, ese 19 de Junio de 1955 con 62 años deja escrito:
“…pongo fin a mis días al no poder soportar más los ruidos que me martirizan desde hace ocho meses, por no hablar de los sufrimientos y fatigas que he padecido en los últimos años. Me encamino a la muerte sin miedo, sabiendo que aquí me encontré una madre al nacer y que me encontraré una madre en la otra vida”.

Tuvo una influencia decisiva en el grupo de intelectuales que se formó a su alrededor. Muchos la recordaron con afecto y gratitud. Jacques Prévert le dedicó el poema La tienda de Adrienne, el poema no es solo un homenaje personal, sino una síntesis poética del papel cultural que desempeñó Monnier: la librería como espacio vivo, hospitalario y central en la vida intelectual del París de entreguerras. en el que evocó así su librería y su figura:

«Una tienda, un pequeño establecimiento, una barraca de feria, un templo, un iglú, los bastidores de un teatro, un museo de cera y de sueños, un salón de lectura y, a veces, simple y llanamente una librería con libros para vender o prestar y devolver y clientes, los amigos de los libros, llegados para hojearlos, para comprarlos, para llevárselos. Y para leerlos. […]
Adrienne, antes de cerrar la tienda, a solas con sus libros, como se sonríe a los ángeles, les sonreía. Los libros, como diablillos buenos, le devolvían la sonrisa. Conservaba esa sonrisa y se iba. Y esa sonrisa iluminaba toda la calle, la rue de l’Odéon, la calle de Adrienne Monnier…»

El escritor, periodista, editor y critico literario Pascal Pia (París, 1903 – 1979 París) (5) comentó:
Adrienne Monnier se ha ido con la discreción que la caracterizaba, rodeando su fin de tanto silencio y pudor que aún hoy muchos de sus amigos la creen ausente sin más de la Rue de l’Odéon, en uno de esos viajes que hacía en verano a sus pastos alpinos”. Pascal Pia hace referencia a Les Déserts, en Saboya, la aldea de su madre, donde pasaba sus veranos.

Yves Bonnefoy evocaba así su experiencia en la librería: «¿Fue realmente el azar lo que me hizo entrar por primera vez en la tienda? ¿Había, a comienzos de 1944, muchos libreros que ofrecieran en sus vitrinas a LautréamontRimbaudArtaudDaumal, los surrealistas…? Como la mayoría de los jóvenes sedientos de poesía, también yo acudía por necesidad a aquel lugar donde la señora vestida de gris, de azul —grandes faldas de colores inmemoriales— era mucho más que la encargada. […] Fue la conciencia de las letras».
La libreria no fue solo un espacio de difusión, sino una instancia de formación iniciática, para una generación de lectores y poetas en los años finales de la ocupación.

Sylvia Beach y Adrienne Monnier

Sylvia y Adrienne en la casa de campo de la familia Monnier en La Savoie

Sylvia Beach tenía un sueño, y con la ayuda y el asesoramiento de Adrienne Monnier, pudo abrir una librería estadounidense en París, donde los alquileres y el costo de vida resultaban sensiblemente más bajos que en Estados Unidos en la posguerra. Sin el modelo previo de La Maison des Amis des Livres, la librería de SylviaShakespeare and Company, no habría existido: tanto en su concepción como en su funcionamiento.

Adrienne Monnier enseñó a Sylvia Beach a llevar el negocio y a resolver las dificultades derivadas de la burocracia francesa; Sylvia recurrió a ella de manera constante para consultar decisiones prácticas y estratégicas. Ambas formaron parte esencial del prestigio literario y cultural de la Rive Gauche, contribuyendo a consolidarla como uno de los grandes focos intelectuales.

El pintor y litógrafo Charles Winzer (1886–1940), amigo cercano de Adrienne, realizó el cartel con el retrato de Shakespeare que identificó visualmente la librería.

Revistas literarias como New Republic, Egoist, The Nation, Little Review, Nouvelle Revue Française,  Le Navire d’Argent, Gazette des Amis des Libres

La librería comenzó a poblarse de libros llegados desde Inglaterra y desde Estados Unidos. No solo libros: también revistas como The New RepublicThe EgoistThe Nation o The Little Review. Las paredes se decoraron con verdaderos tesoros fotográficos: Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde envuelto en su capa de terciopelo, y muchas otras imágenes, entre ellas algunas de Man Ray (Emmanuel Radnitzky, 1890–1976), artista dadá en plena transición hacia el surrealismo.

«La librería no lleva ni una semana abierta y, sin embargo, ya funciona como un punto de encuentro. Los amigos llegan sin anunciarse, se cruzan, se quedan». «Aparece la pandilla del poeta Léon-Paul Fargue (1876–1947), uno de los fundadores de la Nouvelle Revue Française, acompañado por su inseparable amigo Gaston Gallimard. Se suma el escritor y crítico Valery Nicolas Larbaud (1881–1957), y también Paul Valéry, con quien queda pendiente una visita: promete ir a su casa para ver, por fin, los Degas, los Manet y los Renoir que cuelgan de sus paredes y de los que tanto le ha hablado, sin olvidar los Berthe Morisot, la célebre abuela de su mujer». «La librería respira así, desde el primer día, como un salón abierto: libros, voces, amistades y promesas de visitas futuras». «También André Gide (París, 1869–1951), inconfundible con su sombrero Stetson de ala ancha y el cigarro siempre encendido, cuya sola entrada basta para imponer un silencio momentáneo antes de que la conversación retome su curso».

Adrienne Monnier, con la colaboración de Sylvia Beach y con el escritor y periodista Jean Prévost (1901–1944) como secretario de redacción, edita la revista Le Navire d’Argent, de aparición mensual. Cuando escribía, Adrienne utilizaba el seudónimo J. M. Sollier. En sus páginas expresaban, sin concesiones, un mismo amor por las letras: publicaban autores respetados por ambas, con una sola condición, estricta e innegociable —la calidad literaria.

Uno de los nombres que iniciaron allí su trayectoria fue Antoine de Saint-Exupéry (nacido Antoine Marie Jean-Baptiste Roger, conde de Saint-Exupéry; Lyon, 1900 – 1944 Mediterráneo), autor de El Principito. En 1926, la revista Le Navire d’Argent publicó su primer relato, El aviador, un texto en el que volcaba sus experiencias de vuelo con una prosa ya profunda, contenida y rica en matices, donde la técnica y la emoción comenzaban a fundirse.

Sobre El Principito y Saint-Exupéry ver https://onlybook.es/blog/el-principio-de-el-principito/

Al cabo de un año dejó de editarse —no era rentable—, pero su huella fue profunda: en ese breve lapso, Le Navire d’Argent logró influir decisivamente en la escena literaria y abrir camino a una generación de autores que apenas comenzaba a hacerse oír.

Al cabo de un tiempo fue sustituida por la Gazette des Amis des Livres, de vida breve pero intensa: apareció entre enero de 1938 y mayo de 1940 y, si se consideran los autores publicados y la calidad de sus contenidos, ocupó un lugar destacado en la escena literaria del período. También estuvo dirigida por Adrienne Monnier, su exigencia editorial no admitía concesiones.
La Gazette des Amis des Livres cesa, cuando la guerra impuso su interrupción abrupta y definitiva. Con ella se cerraba no solo una revista, sino un modo de entender la edición como espacio de libertad intelectual y exigencia estética, aún en el umbral del silencio, la literatura seguía siendo un acto de resistencia.

En París, en esos años, existían otros salones como el taller Lyre et Palette, donde se reunían algunos de los grandes fauves del momento, junto a escritores y músicos. Por allí pasaban figuras como Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – 1937, París) y Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 – 1918, París), en un clima donde pintura, literatura y música se cruzaban sin jerarquías, alimentándose mutuamente.
Así como Georges Auric (Lodève, 1899 – 1983, París), Darius Milhaud (Marsella, 1892 – 1974, Ginebra) o Arthur Honegger (Le Havre, 1892 – 1955, París), y pintores como Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – 1973. Mougins), Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 – 1954, Niza), Amedeo Modigliani (Livorno, 1884 – 1920, París) o Gino Severini (Cortona, 1883 – 1966, París), junto a André Derain (Chatou, 1880 – 1954, Garches), Maurice de Vlaminck (París, 1876 – 1958, Rueil-la-Gadelière), Raoul Dufy (Le Havre, 1877 – 1953, Forcalquier), Albert Marquet (Burdeos, 1875 – 1947, París) y Georges Braque (Argenteuil, 1882 – 1963, París).

En el París de las primeras décadas del siglo XX, además de Lyre et Palette, existía una densa red de salones y espacios de encuentro como el Salon de Gertrude Stein, el Salon de Natalie Clifford Barney, los grandes salones públicos del Salon d’Automne y el Salon des Indépendants, así como espacios más informales pero decisivos —La Closerie des Lilas, el Bateau-Lavoir, La Rotonde o Le Dôme Café— que prolongaban en la conversación nocturna lo iniciado en talleres y librerías; y, en otros salones, como Art et Action, era posible escuchar composiciones de Francis Poulenc (1899 – 1963). y asistir a representaciones teatrales, un ambiente donde la música y la escena se entrelazaban.

Termina la relación de Adrienne y Sylvia

La relación entre Adrienne Monnier y Sylvia Beach concluyó en 1937, año en que Sylvia viajó por primera vez a Estados Unidos. A su regreso descubrió que su lugar había sido ocupado por la fotógrafa alemana Gisèle Freund (Schöneberg, 1908 – París, 2000). Sylvia se trasladó entonces al altillo de su librería, poniendo fin así a una vida compartida que había sido también una de las alianzas culturales más fecundas del París literario.

En su libro, minucioso en el relato y atento al detalle, hay sin embargo una omisión significativa: Adrienne Monnier apenas menciona a Sylvia Beach en un solo párrafo.
Leído hoy, este retrato —el único que Adrienne Monnier dedica a Sylvia Beach— resulta tan vívido como revelador: la intensidad de la descripción contrasta con el silencio posterior, como si toda una vida compartida hubiera quedado condensada en ese único gesto de memoria.

Escribe «También estaba Sylvia Beach. Esta joven estadounidense lucía un rostro original, de lo más atractivo. Hablaba francés con soltura, con un acento más inglés que americano. A decir verdad, no se trataba tanto de un acento como de una forma enérgica e incisiva de pronunciar las palabras; al escucharla no pensabas en un país, pensabas en una raza, en el carácter de una raza. En la conversación no vacilaba ni se detenía, nunca le faltaban las palabras, aunque llegado el caso se las inventaba a sabiendas… En definitiva, esta joven americana tenía mucho humor; mejor dicho: era el humor en persona… llevaba el pelo corto, y yo me lo corté al poco tiempo».

Poca mención para tanto compartido.

Otros, como el crítico literario y biógrafo Hugh Ford (1916–1978) (6) ofrecieron un retrato muy distinto de Sylvia Beach «Los que llegaban a Shakespeare and Company esperando encontrarse con una rebelde de gustos vanguardistas y lascivos terminaban llevándose la impresión contraria: su compostura y su sensatez se reflejaban hasta en su ropa. Alejada de su entorno bibliófilo, Sylvia podía haber pasado por la secretaria de una multinacional, o por una maestra formal, enérgica y formidable…».

Todos los franceses acaban llegando a la dirección de la librería de Adrienne Monnier o de Sylvia Beach, ya que Shakespeare and Company funciona a la vez como librería de préstamo, club, embajada oficiosa y estafeta postal; a ello se suman los visitantes estadounidenses recién llegados a París, que fijan en la librería de Sylvia su dirección, de modo que sobre la mesa —siempre ocupada— se amontonan decenas de cartas, sobres y paquetes, una actividad incesante que termina por sobrepasar a Sylvia y revela hasta qué punto aquel pequeño espacio se había convertido en un auténtico nodo de la vida literaria.

Es frecuente ver pasar por allí a Sherwood Anderson (Camden, 1876 – 1941, Colón), orgulloso de ver su libro Winesburg, Ohio expuesto en el escaparate, o a Robert McAlmon (Clifton, 1895 – 1956, Desert Hot Springs). También aparece el poeta Ezra Pound, que se jacta de ser un buen carpintero — «zapatero a tus zapatos», suele decirle James Joyce— mientras golpea con un martillo una vieja silla comprada en el mercado de las pulgas.

Gertrude Stein (Allegheny, 1874 – 1946, Paris) otra de las nuevas suscriptoras, aparece junto a su inseparable compañera y confidente Alice B. Toklas (San Francisco, 1877 – 1967, París). Los llamaba suscriptores porque Shakespeare and Company no funcionaba como una librería convencional, sino como una librería de préstamo: los lectores —entre ellos James Joyce— pagaban una cuota periódica que les daba derecho a retirar libros, y Sylvia Beach los registraba como miembros de un club más que como simples clientes, de modo que la suscripción no solo sostenía económicamente el lugar, sino que sellaba la pertenencia a una comunidad literaria.

Otro de los suscriptores es James JoyceSylvia Beach anota en su cuaderno, con precisión casi administrativa, «James Joyce; calle de l’Assomption, 5, París; suscripción por un mes, siete francos», una línea escueta que lo inscribe, como a tantos otros, en la vida cotidiana de la librería.

Sylvia con Hemingway y colaboradoras ante Shakespeare and Company, París, ca. 1928

De Ernest Hemingway decía Sylvia Beach que era «el mejor de mis clientes». Así recuerda su llegada a la librería en sus memorias:

«Al levantar la cabeza vi a un hombre alto y moreno, con un pequeño bigote, a quien oí decir en voz muy grave y profunda que era Ernest Hemingway. Le invité a sentarse y, en respuesta a mis preguntas, me informó de que era de Chicago. También supe que había pasado dos años en un hospital militar recuperando el movimiento de su pierna. ¿Y qué le había pasado a su pierna? Bueno, casi tan compungido como un niño, me confesó que había combatido en Italia y le habían herido en la rodilla. ¿Le gustaría ver las heridas? Por supuesto que sí. De esta forma se interrumpió todo el trabajo en Shakespeare and Company mientras se sacaba el zapato y el calcetín y me enseñaba las terribles cicatrices que cubrían la pierna y el pie…»

Shakespeare and Company fue una singular mezcla de librería y biblioteca, frecuentada sobre todo por mujeres deseosas de emanciparse intelectualmente en una época en la que la lectura aún se consideraba un peligro para su género. Entre ellas se encontraban Simone de Beauvoir (París, 1908 – 1986, ibíd.) y Virginia Woolf (Londres, 1882 – 1941, Lewes); gracias a las fichas de préstamo conservadas sabemos que ambas buscaban allí libros difíciles de conseguir, como los de William Faulkner, confirmando el papel de la librería como refugio, laboratorio y puerta de acceso a una literatura todavía marginal en Europa.
Para lectoras como Simone de Beauvoir y Virginia WoolfShakespeare and Company ofrecía algo más que acceso a libros raros: era una biblioteca viva de la modernidad, donde podían leer sin mediaciones ni censura a autores aún difíciles de conseguir en Europa, como William FaulknerErnest HemingwayF. Scott FitzgeraldGertrude Stein o John Dos Passos; ese acceso ampliaba su horizonte intelectual y confirmaba la lectura como práctica autónoma, con consecuencias directas en su pensamiento y en su escritura, la librería fue también un espacio de afirmación personal y de emancipación.

Muchas de ellas se conocieron gracias a Sylvia Beach, que actuó como mediadora silenciosa entre tradiciones, lenguas y continentes; entre esos cruces figura el de Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1890 – 1979, Béccar) y Virginia Woolf (Londres, 1882 – 1941, Lewes) aunque en este caso de forma indirecta, ya que Victoria conoció primero a Virginia a través de su escritura, en el ámbito del Bloomsbury Group, antes de que ese vínculo literario se transformara en relación personal y encontrara proyección en América Latina a través de la revista Sur, donde Victoria Ocampo desempeñó un papel decisivo en la difusión de Woolf y del pensamiento moderno anglosajón.

La primera vez fue en París, cuando Sylvia Beach tomó Un cuarto propio de la estantería y se lo entregó:
Estoy segura de que usted sueña con este libro.
Y era verdad. Pasaron más de cinco años desde aquel primer encuentro con un libro de Virginia Woolf hasta que Victoria Ocampo pudo finalmente estar frente a la autora, en una exposición de Man RayVictoria miró a Virginia con admiración; Virginia miró a Victoria con curiosidad. (7)

Continúa en la 2nda parte https://onlybook.es/blog/leer-es-como-sonar-con-letras-2nda-parte-librerias-en-paris/

Notas
1
http://www.heroinas.net/2018/12/adrienne-monnier-librera-editora-poeta.html

2
Fuentes. -París rinde homenaje a Adrienne Monnier. La Jornada, 22 de noviembre de 2020, suplemento “La Jornada de en medio”.
-Adrienne Monnier (2011). Rue de l’Odéon. Gallo Nero Ediciones. ISBN 9788493856847.
-Adrienne Monnier, Richard McDougall (1996). “The very rich hours of Adrienne Monnier” University of Nebraska Press. ISBN 978-0-8032-8227-8.
-Datos y referencias tomadas del artículo de Bruce Handy (26 de Junio de 2015) en Vanity Fair.

3
http://www.mirales.es/adrienne-monnier-y-sylvia-beach-embajadoras-de-las-letras/
http://smartbitchestrashybooks.com/2015/12/real-life-romance-sylvia-beach-adrienne-monnier/

4
Who is Sylvia? – Jot Down Cultural Magazine

5
Pascal Pia fue un escritor, periodista, editor y crítico literario francés, figura influyente de la vida intelectual parisina de entreguerras y de la posguerra, colaboró con numerosas revistas literarias, fue amigo y lector cercano de Adrienne Monnier, y destacó por su prosa sobria y su atención a la literatura contemporánea. Tras la Segunda Guerra Mundial dirigió el diario Combat, heredero de la prensa de la Resistencia francesa, consolidándose como una voz central del periodismo cultural y político del siglo XX.

6
Hugh Ford fue crítico literario, biógrafo y estudioso de la literatura modernista anglosajona. Se especializó en el entorno de Shakespeare and Company, y dedicó buena parte de su trabajo a documentar la figura de Sylvia Beach, a quien conoció personalmente. Su libro Published in Paris (1975) es una referencia clave para comprender el papel de las editoriales y librerías parisinas en la difusión de la literatura modernista en lengua inglesa durante el período de entreguerras.

7
Andrea Calamari en Jot Down en su artículo “Arisca y frágil: así era Virginia Woolf para Victoria Ocampo

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