31 agosto 2026

 rquitectos, Arte, Historia del Arte

Miguel Ángel. Capilla Sixtina.1a parte. (mb)

En búsqueda de la belleza

“Si se pudiese morir de vergüenza y dolor, yo no estaría vivo”. Miguel Ángel

Es difícil comprender, al menos para mí, el pensamiento, la génesis de un movimiento y su desarrollo, como fue el Renacimiento, en una de sus etapas, el Cinquecento.
Es en el siglo XVI cuando se produce el paso del teocentrismo medieval, donde Dios es el centro del universo y rige los destinos de todo, incluidas las actividades humanas, al antropocentrismo humanista de la Edad Moderna, donde el centro pasa a ser el ser humano y todo lo que lo rodea

Digo “difícil” porque, cuando intentamos describir, aunque sea someramente, la capacidad de innovar y la capacidad creativa de esas generaciones, de una parte de aquella sociedad, descubrimos muchas de las cosas que ya no somos.
Hoy en día se pueden hacer hazañas galácticas, viajes espaciales, con la mente puesta en lo tecnológico; se llega a la Luna.
Pero, en el Cinquecento, se iba mucho más lejos.
Quise tomar ciertas pautas del Campidoglio, de ese espacio mágico, donde lo medieval se funde con el renacimiento, pero mi interés se separó de la obra, y se acercó a lo personal.
Miguel Ángel, es demasiado para ser abordado, aunque tomemos algún aspecto, como el de sus relaciones sentimentales, pasionales o de amistad, siempre nos acercamos a su grandeza, a sus escritos, a sus sonetos, a su pintura, a su escultura, a su arquitectura, en definitiva a su genialidad, el solo hecho de intentarlo, es apasionante.

Tomo algunos datos de su vida, sus encuentros y desencuentros en torno a la Capilla Sixtina y el Campidoglio, pasando por la inevitable Biblioteca Laurenciana o Medicea.
Allí vamos.

Daniele da Volterra (atribuido), Retrato de Miguel Ángel, c. 1545, óleo sobre tabla. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Me sumerjo en su historia
Capilla Sixtina
Estamos en 1505, concretamente en la Capilla Sixtina donde se reúne el cónclave del Colegio Cardenalicio para decidir quién será elegido Papa.
El papa Julio II (Albissola Marina 1443 – 1513 Roma) sucesor de Alejandro VI (Borgia) invita a Miguel Ángel en 1508 a pintar el techo de la Capilla Sixtina. Esta propuesta es posterior al pedido de realizar su propia tumba.
El proyecto de su tumba, será el origen de una compleja relación entre ambos y de numerosos cambios y conflictos. El mismo fue postergado debido a la insidiosa participación de Donato Bramante (nacido Donato di Pascuccio d’Antonio, Fermignano, c. 1443/1444 – 1514 Roma), quien habría influido en el Papa con el argumento de que realizar su propia tumba en vida podía ser un mal augurio. Por esta postergación, la tumba sería finalmente terminada prácticamente en los últimos años de vida de Miguel Ángel.
Bramante era un personaje muy influyente. Fue el primer diseñador del proyecto de la Basílica de San Pedro del Vaticano y considerado el mayor arquitecto de su época, heredero de Filippo Brunelleschi (Filippo di Ser Brunellesco Lapi, Florencia, 1377 – 1446, íbid.) y de Leon Battista Alberti (Génova, 1404 – 1472, Roma). Ejerció una importante influencia sobre colegas como Sansovino (Jacopo d’Antonio Sansovino, Florencia, 1486 – 1570, Venecia) y Antonio da Sangallo el Joven (Antonio Cordiani, Florencia, 1484 – 1546, Terni).
Ese curioso apelativo de “el joven”, servía para distinguirlo de sus tíos Giuliano da Sangallo y de Antonio da Sangallo “el viejo”.

Sobre Filippo Brunelleschi ver https://onlybook.es/blog/brunelleschi-y-la-cupula-de-florencia/

Bramante templete de San Pietro in Montario, en Roma

Había envidia y, como poco, enfrentamientos en las intervenciones que se realizaron en la Basílica de San Pedro. Además de Miguel Ángel y Bramante, podemos mencionar las actuaciones de Rafael Sanzio (Raffaello Sanzio da Urbino, Urbino, 1483 – 1520, Roma) y Antonio da Sangallo el Joven (nacido Antonio Cordiani, Florencia, 1483/1484 – 1546, Terni).
Miguel Ángel era muy temperamental, tuvo varias disputas con sus colegas, además de la pelea que terminó con su nariz rota -episodio que narro más adelante-, tuvo enfrentamiento con otros artistas.

En una carta de finales de 1542, Miguel Ángel atribuyó las tensiones entre Julio II y él mismo a la envidia de Rafael y también de Bramante (Donato di Pascuccio d’Antonio, c. 1443/1444 – 1514).

Al mismo tiempo, escribió sobre Rafael:
—Todo lo que tenía en arte, lo obtuvo de mí.
Según el pintor Gian Paolo Lomazzo (Milán, 1538 – 1592, íbid.), en sus escritos sobre teoría del arte, Miguel Ángel y Rafael se conocieron cuando el primero estaba solo, mientras que el segundo estaba acompañado por varias personas.

Miguel Ángel comentó:
—…pensé que me había encontrado con el jefe de policía en la reunión.
Rafael respondió:
—…pensé que me había encontrado con un verdugo, ya que suelen caminar solos.
Poco cariñoso el intercambio entre ambos.
Miguel Ángel había puesto su enorme genio en la escultura, pero no tenía tanta experiencia con la pintura. El encargo de pintar la Capilla Sixtina fue el consejo envenenado que Bramante dio al Papa.

Al comienzo tuvo inconvenientes con la técnica del «fresco», ya que aplicó el color sobre una capa de cal fresca que tenía demasiada agua, lo que provocó hongos.
Pero Miguel Ángel era demasiado Miguel Ángel y aprendió rápidamente luego de los primeros problemas que se le habían presentado.
Casi treinta años más tarde, el papa Clemente VII (1478–1534) encargó a Miguel Ángel la realización de dos frescos en las paredes frontales de la Capilla Sixtina. El proyecto no llegó a realizarse durante su pontificado, finalmente realizados bajo Pablo III.

En la pared donde se encuentra el altar le pide que represente «El Juicio» y, en la pared de enfrente, «La Resurrección».
El fallecimiento de Clemente VII en septiembre de 1534 paralizó el proyecto, que fue recuperado por su sucesor, el papa Pablo III (1468–1549). Finalmente, se abandonó el proyecto de «La Resurrección» y Pablo III encargó a Miguel Ángel el «Juicio Final» para la pared del altar.
El 16 de abril de 1535 comenzó a levantarse el andamio. Los trabajos pictóricos comenzaron en 1536 y el «Juicio Final» fue descubierto oficialmente el 31 de octubre de 1541.

Antes y después de la restauración

Frescos en la Capilla Sixtina

Tan pronto se tuvo conocimiento de que en el altar de ese lugar sagrado aparecía una gran cantidad de figuras desnudas, se produjo un gran escándalo. Uno de sus más feroces críticos fue el cardenal Biagio da Cesena (nacido como Biagio Martinelli, 1463–1544), que oficiaba de maestro de ceremonias del papa.

Biagio da Cesena sentenció:
-…es muy indecoroso que se hubiesen pintado en un lugar tan respetable toda esa cantidad de desnudos, mostrando sin pudor sus vergüenzas. No es una obra propia de la capilla de un papa, sino para un burdel o una taberna…
El papa pidió explicaciones a Miguel Ángel, quien, influido en sus esculturas por el arte clásico grecorromano, había representado a sus divinidades desnudas.

La cultura griega no solo influyó en Miguel Ángel, sino que también condicionó la estética de la época.
Miguel Ángel quizás haya contestado:
Santidad, los santos no tienen sastre.
Y posiblemente escuchó una premonición:
-Entonces, habrá que correr un tupido velo.
Al decir de la historiadora Laura Ibarra García (1), había dibujado la parte trasera de Dios, el «culo divino», en el arte pictórico.

Paños añadidos para cubrir las figuras desnudas de la Capilla Sixtina

Pañales añadidos
Debido a las críticas de Biaggio de Cesena, Miguel Ángel llevó a cabo una sutil venganza en su fresco de la pared del altar de la Capilla Sixtina.
En la parte inferior derecha de la escena, a la entrada de los Infiernos, Miguel Ángel representó a Minos, juez del Infierno, desnudo, con orejas de burro y una serpiente enroscada alrededor de su cuerpo que le muerde los genitales. El rostro de Minos reproduce los rasgos de Biaggio de Cesena, maestro de ceremonias del papa Pablo III.
Años más tarde, después de la muerte de Miguel Ángel, acerca del fresco «El Juicio Final» hubo un debate en el contexto de la aplicación de las disposiciones del Concilio de Trento, el 21 de enero de 1564, por la que se decidió «tapar» la desnudez de los personajes, cubriendo sus genitales con telas que muchos llamaron «pañales».
Para ello, el papa Pío V designó a Daniele Ricciarelli (conocido como Daniele da Volterra, Volterra, c. 1509 – 1566 Roma), quien, por este trabajo, ejecutado en 1565, pasó a ser conocido con el sobrenombre de Braghettone, el «hacedor de pantalones» o «maestro de calzones». No llegó a cubrir todos los personajes.
Otros artistas, de menor rango artístico continuaron esa actividad e intervinieron la obra durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.
Estas intervenciones, sumadas al humo de las velas, el polvo, y otras partículas ensuciarían el conjunto de frescos de la Capilla y ayudaría a vestir las pinturas “indecorosas”.

Vista aérea de los jardines Vaticanos y de la Ciudad del Vaticano
Vista aérea de la plaza y la basílica de San Pedro en el Vaticano

El «Juicio Final», con una superficie pintada de 180,21 m², fue restaurado entre 1990 y 1994. La restauración fue dirigida técnicamente por el profesor Gianluigi Colalucci (1929–2021), acompañado por Nazzareno Gabrielli, responsable de los análisis de laboratorio, y por el profesor Fabrizio Mancinelli, director del Departamento de Arte Medieval y Moderno de los Museos Vaticanos. (2)

La restauración reveló colores vivos, que estaban ocultos

La restauración tuvo un costo de 12 millones de dólares, financiados en gran parte por la Nippon Television Network Corporation de Japón, en virtud de un acuerdo de patrocinio.
Tras más de cuatro siglos de humo, hollín y contaminación, la limpieza de los frescos permitió recuperar colores intensos y una luminosidad que habían permanecido ocultos durante siglos.

Capilla Sixtina

Detalle de la bóveda de la Capilla Sixtina, con escenas del Génesis y figuras de profetas y 5 sibilas (profetisas)

Ante las críticas a los colores que «aparecían» tras la limpieza, y sobre todo debido a su intensidad, Colalucci defendió su trabajo como restaurador de la Capilla Sixtina, señalando que esos colores eran similares a los que podían observarse en el Tondo Doni, una pintura sobre tabla de Miguel Ángel Buonarroti, conservada en la Galleria degli Uffizi de Florencia.
El Tondo Doni, pintado al temple sobre tabla entre 1506 y 1508, tiene un diámetro de 120 cm., es una de las pocas pinturas sobre tabla atribuidas con seguridad a Miguel Ángel que se conservan, y que su colorido intenso sirve como referencia importante para comprender la paleta que utilizaba el artista.

Tondo Doni de Miguel Ángel

Esta obra es una de las joyas del Cinquecento. «Tondo» significa «redondo» y era el término utilizado para denominar las obras de formato circular.
Fue un encargo del banquero florentino Agnolo Doni, con motivo de su matrimonio con Maddalena Strozzi. El marco es el original y, según algunas fuentes, pudo haber sido diseñado también por Miguel Ángel. (3)

Aclaró acertadamente que esos eran los colores de los manieristas, los pintores que imitaron a Miguel Ángel durante la segunda mitad del siglo XVI, y que, sin duda, ese era el cromatismo presente en su obra.
Hoy podemos comprender la importancia que el color tuvo en su pintura, ya que contribuye a elevar aún más la fuerza escultórica de sus personajes.

La imagen da idea de como tuvo que trabajar Miguel Ángel

Miguel Ángel tuvo que trabajar en una postura extremadamente incómoda para pintar la bóveda de la Capilla Sixtina.

Él mismo describió el esfuerzo en una carta a un amigo:
«Estoy doblado tensamente como un arco sirio».
En 1509 escribió:
«Ya me ha crecido un bocio por esta tortura,
hinchado aquí como un gato de Lombardía
(o en cualquier lugar donde el agua estancada sea veneno).
Mi estómago está aplastado bajo mi barbilla, mi barba
apunta al cielo, mi cerebro está aplastado en un ataúd,
mi pecho se retuerce como el de una arpía. ¡Mi pincel,
encima de mí todo el tiempo, gotea la pintura
para que mi cara haga un piso fino para los excrementos!»


«Mis ancas se mueven contra mis entrañas,
mi pobre trasero se esfuerza por funcionar como contrapeso,
cada gesto que hago es ciego y sin rumbo.
Mi piel cuelga suelta debajo de mí, mi columna está
anudada por doblarse sobre sí misma,
estoy tenso como un arco sirio».

«Y porque soy así, mis pensamientos
son tonterías pérfidas y locas:
cualquiera dispara mal por una cerbatana torcida».
«Mi pintura está muerta.
Defiéndelo por mí, Giovanni, protege mi honor.
No estoy en el lugar correcto, no soy pintor».

El texto es una traducción del italiano, realizada Gail Mazur (n. Cambridge, Massachusetts, 1937) poeta, escritora y traductora estadounidense. Ha traducido al inglés el célebre soneto de Miguel Ángel escrito en 1509 durante la realización de los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina.

Los pañales
Gracias a la excelente restauración, desaparecieron algunas de las intervenciones y censuras realizadas posteriormente para cubrir la desnudez de los personajes del fresco.
Se conservaron algunas de las «bragas de autor», añadidas en la segunda mitad del siglo XVI por Daniele da Volterra, quien comenzó a intervenir el Juicio Final en 1565, un año después de la muerte de Miguel Ángel.
Habían transcurrido 24 años desde la inauguración del fresco, realizada en 1541. Por tanto, estas primeras intervenciones de censura ya no se produjeron en vida de Miguel Ángel.

Andrea G. De Marchi, Daniele da Volterra e la prima pietra del Paragone. Campizano Editore en 2014

Sus «pañales» fueron ejecutados con la pericia de quien era uno de los mejores pintores de su tiempo. Para añadirlos, se eliminó parte de la superficie original y se aplicó un nuevo revoque sobre el que se pintaron las cubriciones, por lo que resultó imposible eliminar completamente la pintura añadida sin dañar el fresco original.
Las intervenciones realizadas posteriormente por otros pintores, muchos de ellos desconocidos, han sido denominadas «bragas sin firma». Estas fueron ejecutadas al temple, una técnica más fácil de remover durante la restauración.
San Andrés Apóstol perdió sus enormes «pañales», aunque San Pedro y San Juan Bautista conservaron los suyos. Daniele da Volterra puso a San Juan Bautista un escueto calzoncillo de piel que está considerado una auténtica obra de arte.

Volterra pañales. Detalle del Juicio Final, con la figura de los resucitados que ascienden hacia el cielo

El primer papa, San Pedro, tenía un «pañal» realizado con gran maestría, aunque fue recargado en siglos posteriores.
La mano de la censura también actuó en la pared derecha, entre Roboam–Abías y Aminabad, en el luneto de Salmon–Booz–Obed, donde una mujer abrazaba a su hijo en actitud de amamantarlo.
Bastó retirar parte del manto rojizo para que apareciera debajo un pecho que había quedado oculto.

Salomón, Booz y Obed, anepasados de Cristo en la bóveda

Miguel Ángel nos muestra, en la parte derecha, al anciano rey Booz —¿será su rostro una caricatura de Julio II?—, mientras que a la izquierda se encuentra el pequeño Obed, que duerme en brazos de su madre, Rut.
Un enorme contraste entre la juventud y la decadencia, entre la quietud de Rut y Obed y la tensión de Booz, que parece levantarse del asiento de piedra.
Rut y Obed son dos figuras delicadas, de gran dulzura, relacionadas con la pintura de Rafael, en las que destaca el escorzo de sus cuerpos, que se adaptan al espacio. La escena transmite el recogimiento del momento, con una madre embelesada y con los ojos cerrados.

Miguel Ángel por Daniel da Volterra (Daniele Ricciarelli) aprox entre 1548 y 1553. Museo Teylers, Haarlem


Notas
1

Laura Ibarra García, es una académica e investigadora mexicana de la Universidad de Guadalajara, doctora en Sociología por la Universidad de Friburgo (Alemania) y especializada en historia, sociología, filosofía y estudios europeos. Fue investigadora de la UdeG y alcanzó el Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores. Falleció en 2019.
Entre sus trabajos hay libros sobre el mundo prehispánico, historia de México, Europa y arte; escribió Mathias Goeritz, ecos y laberinto,

2
La primera restauración de los frescos de la Capilla Sixtina se realizó en 1564, a cargo de Carnevali. En 1583, se llevó a cabo una segunda intervención. Posteriormente, el restaurador Lagi intervino en la obra en 1625, y Del Mazzuoli lo hizo entre 1710 y 1713. Esta última intervención es conocida como «neoclásica».
Entre 1903 y 1904, Seitz llevó a cabo una nueva restauración, denominada «romántica». A principios de la década de 1930, un equipo de restauradores del Vaticano realizó una limpieza parcial de los frescos.
La última gran campaña de restauración y limpieza de los frescos de la Capilla Sixtina comenzó en 1979 y se prolongó hasta 1999. Los trabajos fueron realizados por un equipo de restauradores de los Museos Vaticanos, bajo la dirección de Fabrizio Mancinelli y la responsabilidad técnica de Gianluigi Colalucci. En los trabajos también participaron Maurizio Rossi, Piergiorgio Bonetti y Bruno Baratti, y se contó con la colaboración de especialistas en historia del arte y con los análisis científicos de Nazzareno Gabrielli.
El equipo comenzó trabajó entre 1980 y 1994 con la limpieza de las 14 lunetas que rodean la bóveda principal de la Capilla Sixtina. Los trabajos continuaron con los frescos de la bóveda, pintados por Miguel Ángel entre 1508 y 1512, y culminaron con la limpieza del fresco «El Juicio Final», situado en la pared del altar y realizado por el artista entre 1536 y 1541.
Explicación completa y detallada:

https://es.wikipedia.org/wiki/Restauraci%C3%B3n_de_los_frescos_de_la_Capilla_Sixtina

3
En el blog “El cuadro del día”, se puede leer: “La obra representa a la Sagrada Familia, pero de una forma un tanto peculiar. Al fondo del todo está San José, vestido de azul y amarillo y en segundo término, ya que jerárquicamente es la figura menos importante de las tres”.
“La Virgen, como todas las figuras femeninas que pintaba Miguel Ángel, está sentada en el suelo, entre las rodillas de San José. Su postura es un verdadero prodigio y fue imitada por muchos artistas posteriores, retuerce su cuerpo en espiral para poder sostener al Niño, que está tratando de subirse a su bíceps y se le agarra del pelo para no caerse”.
El blog «El cuadro del día» continúa: «Sus rodillas miran a la derecha y su rostro a la izquierda. La cara del Niño es bellísima, enmarcada con rizos oscuros sujetos por una cinta, y el cuerpecito, entre rechoncho y culturista. El fondo del cuadro está lleno de jóvenes desnudos, que se supone que representan el mundo pagano anterior al nacimiento de Jesucristo. Entre unos y otros, la figura de San Juan Bautista, que fue quien se había encargado de anunciar la venida del Mesías. Miguel Ángel le pinta también de niño, observando con cara de preocupación los equilibrios que está haciendo su primo. Además de servir como figura mediadora entre el paganismo y el cristianismo, San Juan Bautista era el patrón de Florencia, ciudad de origen de los Doni.
https://pinturasdiversas-demeza.blogspot.com/2013/

Continua en 2a parte: https://onlybook.es/blog/miguel-angel-2da-parte/

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Sobre todos los artículos sobre Miguel Ángel ver https://onlybook.es/blog/seis-articulos-sobre-miguel-angel-buonarotti-mb/

1a parte https://onlybook.es/blog/miguel-angel-1a-parte/
y en  https://hugoklico7.blogspot.com/2025/01/miguel-angel.html

2a parte https://onlybook.es/blog/miguel-angel-2da-parte/
y en  https://hugoklico7.blogspot.com/2025/07/miguel-angel.html

3a parte https://onlybook.es/blog/5912-2/
y en  https://hugoklico7.blogspot.com/2025/07/miguel-angel-3a-parte.html

4a parte https://onlybook.es/blog/miguel-angel-4ta-parte/
y en https://hugoklico7.blogspot.com/2025/07/miguel-angel-4a-parte.html

5a parte https://onlybook.es/blog/miguel-angel-5ta-parte/
y en https://onlybook.es/blog/miguel-angel-5ta-parte/

6a parte https://onlybook.es/blog/miguel-angel-6ta-parte-y-final/
y en https://hugoklico7.blogspot.com/2025/12/miguel-angel.html

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