El
Elogio de la Sombra
Junichiro
Tanizaki
Traducción
Julia Escobar
Editorial
Siruela
Junichirō
Tanizaki (谷崎
潤一郎 Tokio 1886 – 1965 Yugawara) fue un relevante
escritor japonés del
siglo XX.
Considerado
como la piedra angular de la novela contemporánea de Japón, junto a Ōgai Mori, Natsume
Sōseki, Ryūnosuke Akutagawa, Yasunari
Kawabata, Yukio Mishima y Kōbō Abe.
En
1949, recibe el premio Orden de la Cultura, u Orden del Mérito Cultural, por el
gobierno japonés.
En 1964, un año antes de su fallecimiento, fue el primer
escritor japonés en ser elegido miembro honorario por la Academia
Estadounidense de las Artes y las Letras.
El Elogio de
la Sombra (1933), es un ensayo que tiene gran fama. De la
Editorial Siruela, (1994 y 2013) ISBN 978-84-7844-258-4.
El Elogio de la Sombra (陰翳礼讃)
es un manifiesto sobre la estética japonesa, escrito en 1933. En él se
argumenta que en Occidente la belleza siempre ha estado ligada a la luz, a lo
brillante y a lo blanco, y que lo oscuro, lo opaco y lo negro siempre han
tenido una connotación negativa.
Sin embargo, argumenta, en Japón la
sombra no tiene una connotación negativa y es considerada como parte de la
belleza.
A
lo largo del libro explora la relación entre la sombra, lo tenue, el contraluz,
en la cerámica japonesa, los tokonomas,
la construcción de las viviendas, de las lámparas, de la tinta china y
del vestuario del Nō, entre otros aspectos, y cómo la semipenumbra enaltece la
belleza de los diseños japoneses.
Algunos apuntes confinados
…
En verdad, tales lugares armonizan con el canto de los insectos, el gorjeo de
los pájaros y las noches de luna; es el mejor lugar para gozar de la punzante
melancolía de las cosas en cada una de las cuatro estaciones y los antiguos
poetas de haiku han debido de
encontrar en ellos innumerables temas.
“..el
refinamiento es frío”, Saito Ryoku (1867 – 1904)
La
madera encerada, la madera natural con los años, acaba adquiriendo un bonito
color oscuro y su granulado desprende entonces cierto encanto que calma
extrañamente los nervios.
Publiqué
hace poco en los Bungei-Shunju
(revista fundada en 1923 por el escritor Kikushi Kan, en 1935 funda el premio
Akutagawa, uno de los premios literarios más importantes de Japón), un artículo
en el que comparaba la estilográfica y el pincel; pues bien supongamos que el
inventor de la estilográfica hubiera sido un japonés o un chino de otra época.
Es evidente que no habría dotado a su punta de una plumilla metálica sino de un
pincel.
Y que lo que habría intentado que bajara del depósito hasta las cerdas
del pincel no sería tinta azul sino algún tipo de líquido parecido a la tinta
china.
Por lo tanto como los papeles de tipo occidental no sirven para el uso
del pincel, para responder a la creciente demanda se tendría que producir una
cantidad industrial de papel análogo al papel japonés, una especie de hanshi (formato de papel japonés de 26 x
35 cm), mejorado, y si el papel, la tinta china y el pincel hubieran seguido
este desarrollo…. los caracteres latinos no habrían tenido ningún eco y los
ideogramas o los kana (sistema de
escritura), habrían gozado de un unánime y poderoso favor. …nuestro pensamiento
y literatura no habría imitado servilmente a Occidente…hubiéramos encaminado
hacia un mundo original…He querido demostrar que la forma de un instrumento
aparentemente insignificante puede tener repercusiones infinitas.
…en
el arte de la oratoria evitamos los gritos, cultivamos la elipsis y, sobre todo
damos una extrema importancia a las pausas;…en la reproducción mecánica del discurso
la pausa se destruye totalmente.
…el
papel de Occidente da la impresión de estar ante un material estrictamente
utilitario, mientras que sólo hay que ver la textura de un papel de China o de
Japón para sentir un calorcillo que nos reconforta el corazón.
Los
rayos luminosos parecen rebotar en la superficie de un papel occidental,
mientras que la del hosho (papel japonés de alta calidad, grueso y
totalmente blanco), o del papel de china, similar a la aterciopelada superficie
de la primera nieve, los absorbe blancamente….nuestros papeles, agradables al
tacto, se pliegan y arrugan sin ruido.
…la
vista de un objeto brillante nos produce cierto malestar, los occidentales
utilizan, incluso en la mesa, utensilios de plata, de acero, de níquel, que
pulen hasta sacarles brillo,…a nosotros nos horroriza todo lo que resplandece
de esa manera…nos gusta ver cómo se va oscureciendo su superficie y cómo, con
el tiempo, se ennegrece todo.
En
Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la
estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la
sombra.
Lo bello no es una sustancia en sí sino un juego de claroscuros
producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el
juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente
en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera
expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los
efectos de la sombra.
No
es que tengamos ninguna prevención a priori contra todo lo que reluce, pero
siempre hemos preferido los reflejos profundos, algo velados, al brillo
superficial y gélido…ese brillo ligeramente alterado que evoca
irresistiblemente los efectos del tiempo.
“Efectos
del tiempo”…en realidad es el brillo producido por la suciedad de las manos.
Los chinos tienen una palabra “el lustre de las manos”, los japoneses “el
desgaste”, el contacto de las manos durante un largo uso, su frote, aplicado
siempre en los mismos lugares.
En
el restaurante Waranji-ya de Kyoto, hay reservados…la luz incierta de los
candelabros es la que de verdad realzaba la belleza de la laca japonesa….en
realidad se puede decir que la oscuridad es la condición indispensable para
apreciar la belleza de una laca.
Desde
siempre, la superficie de las lacas ha sido negra, marrón o roja, colores estos
que constituían una estratificación de no sé cuántas “capas de oscuridad”, que
hacían pensar en alguna materialización de las tinieblas que nos rodeaban.
Si
no estuvieran los objetos de laca en un espacio umbrío, ese mundo de ensueños
de incierta claridad que segregan las velas o las lámparas de aceite, ese
latido de la noche que son los parpadeos de la llama perderían seguramente
buena parte de su fascinación….los rayos de luz, como delgados hilos de agua
que corren sobre las esteras para formar una superficie estancada…tejiendo
sobre la trama de la noche un damasco hecho con dibujos dorados.
Se
dice que los amantes del té, al oír el ruido del agua hirviendo, que a ellos
les evoca el viento en los pinos, experimentan un arrebato parecido tal vez al
que yo siento.
Se
ha dicho que la cocina japonesa no se come sino que se mira; en un caso así me
atrevería a añadir: se mira ¡pero además se piensa!. Tal es, en efecto, el
resultado de la silenciosa armonía entre el brillo de las velas que parpadean
en la sombra y el reflejo de las lacas.
...Uno
se da cuenta, de que nuestra cocina armoniza con la sombra, de que entre ella y
la oscuridad existen lazos indestructibles.
Acerca
de la oscuridad en las casas japonesas…el japonés, que también hubiera preferido
una vivienda clara a una vivienda oscura, se ha visto obligado a hacer de la
necesidad virtud. Pero eso que generalmente se llama bello no es más que una sublimación
de las realidades de la vida, y así fue como nuestros antepasados, obligados a
residir, lo quisieran o no, en viviendas oscuras, descubrieron un día lo bello
en el seno de la sombra, y no tardaron en utilizar la sombra para obtener
efectos estéticos.
Cuando
los occidentales hablan de “los misterios
de Oriente”, es muy posible que con ello se refieran a esa calma algo
inquietante que genera la sombra cuando posee esta cualidad.
…la
magia de la sombra, ahí es donde nuestros antepasados han demostrado ser
geniales: a ese universo de sombras, que ha sido deliberadamente creado
delimitando un nuevo espacio rigurosamente vacío, han sabido conferirle una
cualidad estética superior…
Algunos
dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica.
No obstante como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo
nacer sombras en lugares que en sí mismo son insignificantes.
Nuestro
pensamiento, en definitiva procede análogamente: creo que lo bello no es una
sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros
producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias.
Así como una piedra
fosforescente, colocada en la oscuridad emite una radiación y expuesta a plena
luz pierde toda su fascinación de joya preciosa.
De igual manera la belleza
pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.
…resulta
evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la
laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la
limpidez del cristal…En sus viviendas evitan cuando pueden los recovecos y
blanquean techos y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros
colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de
césped.
Los
Occidentales, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una
condición mejor a la actual…han acabado con el menor resquicio, con el último
refugio de la sombra.
¿Ha
visto usted alguna vez, lector, “el color de las tinieblas a la luz de una
llama”?
Están hechas de una materia diferente a la de las tinieblas de la noche
en un camino y, si me atrevo a hacer una comparación, parecen estar formadas
de corpúsculos como de una ceniza tenue, cuyas paredes resplandecieran con todos
los colores del arco iris.
Me pareció que iban a meterse en mis ojos y, a pesar
mío, parpadeé.
Arq.
Hugo Alberto Kliczkowski Juritz
permitido reproducir parcial o totalmente citando la fuente
gracias
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