Arte, Exposiciones, Historia del Arte
Lucian Freud, Nuevas perspectivas. 1a parte

La pintura de Lucian Freud, a contracorriente de las tendencias abstractas y conceptuales que se sucedieron a su alrededor, estuvo siempre dedicada a la representación del cuerpo humano y al retrato del hombre contemporáneo.
Lo que verdaderamente le interesaba a Freud era descubrirnos la pintura desde la propia pintura: su personal reflexión meta-artística y la búsqueda de esa “intensificación de la realidad” que siempre quiso alcanzar
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, junto con la National Gallery de Londres, presentó una retrospectiva dedicada al pintor británico Lucian Freud (1922–2011), con motivo del centenario de su nacimiento.
La exposición pudo visitarse del 14 de febrero al 18 de junio de 2023, en las salas de exposiciones temporales del museo, Paseo del Prado, 8, Madrid.
Ampliación del Museo Nacional Thyssen-BornemiszaLa ampliación del primer edificio del Museo, realizada por el arquitecto Rafael Moneo entre 1990 y 1992, estuvo a cargo del estudio BOPBAA (Josep Bohigas, Francesc Pla e Iñaki Baquero) y se conecta en ángulo con el Palacio de Villahermosa.
La exposición de Lucian Freud, comisariada por Daniel Herrmann en Londres y Paloma Alarcó en Madrid, reúne 55 obras que recorren siete décadas de producción de uno de los artistas europeos más significativos del siglo XX. El catálogo incluye textos de los comisarios, especialistas en su obra y artistas contemporáneos, y plantea nuevas preguntas sobre la relevancia de su pintura.
La exposición fue organizada por el Ministerio de Cultura y Deporte de España, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, The National Gallery de Londres y la Comunidad de Madrid. Es la primera gran retrospectiva de Lucian Freud desde su muerte en 2011. Antes de llegar a Madrid, la exposición se presentó en The National Gallery de Londres, del 1 de octubre de 2022 al 22 de enero de 2023.
David Dawson. El estudio, 21 de julio. 2011. Fotografía de Hazlitt. Holland-Hibbert, LondresLos textos y fotografías que incorporo a este relato proceden de mi visita al Museo Thyssen-Bornemisza a finales de mayo de 2023 y del catálogo publicado por el Museo Thyssen-Bornemisza en colaboración con National Gallery Global. A medida que buscaba y encontraba fotografías y pinturas, fui descubriendo facetas muy interesantes de Freud y una época culturalmente compleja, marcada por el SIDA. A pesar de los prejuicios de entonces, ese contexto permite también entender cómo la obra de Freud pudo separarse de la propaganda de grupos que utilizaban la epidemia para perseguir y estigmatizar la homosexualidad.
El catálogo reúne textos de Daniel F. Herrmann, Paloma Alarcó, David Dawson, Tracey Emin, Chantal Joffe, Cristina Kennedy, Jutta Koether, Catherine Lampert, María H. Loh, Nicholas Penny, Gregory Salter, Jasper Sharp y Andrew Wilson.

Daniel F. Herrmann (1)
Lucian Freud, uno de los más importantes pintores figurativos británicos, emigró con su familia desde Berlín en 1933 debido a las persecuciones del régimen nazi. Fue un visitante habitual de la National Gallery de Londres y de otras grandes pinacotecas. En su obra pueden rastrearse referencias a grandes maestros como Holbein, Cranach, Hals, Velázquez, Rembrandt y Watteau, así como a Ingres, Courbet, Rodin y Cézanne. Esta relación con la tradición convivió con una fuerte voluntad de independencia.

De amplias lecturas y gran curiosidad, visitó importantes colecciones públicas y privadas y conoció en profundidad los museos de Londres, París, Nueva York, Madrid entre muchas otras ciudades.
“Vengo en busca de ideas y de ayuda; para ver, más que pinturas,
situaciones dentro de las pinturas”

El ascenso a la fama de Lucian Freud se debió a su prodigiosa habilidad y sensibilidad como pintor figurativo, pero también influyeron su apellido, las compañías que frecuentó y el éxito comercial de sus obras. Como nieto de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, su nombre estaba destinado a atraer la atención pública. Su carrera y la recepción de su obra fueron internacionales desde una etapa temprana. Fue seleccionado para exponer en la Bienal de São Paulo de 1951, representó a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia de 1954 y logró que Muchacha con rosas fuera adquirida por el British Council en 1948 y Mujer con narciso por el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York en 1953.

Llegar a ser Freud. 1940-1950
Lucian Freud nació en Berlín en 1922, en el seno de una familia acomodada de la Alemania de Weimar. Era el segundo de los tres hijos de Ernst y Lucie Freud y el nieto favorito de Sigmund Freud. Desde niño mostró interés por el dibujo y creció en un ambiente familiar en el que la música, la literatura y las artes visuales tenían un papel importante, su sensibilidad continuó desarrollandose en los veranos que pasaba en la isla de Hiddensee, en el Báltico.
En 1933, la llegada del Partido Nazi al poder y su política antisemita obligaron a la familia Freud a abandonar Berlín y emigrar a Londres.
Harry Diamond, fotógrafo cercano a Lucian Freud, realizó numerosas fotografías del artista que permiten relacionarlo visualmente con la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) de los años veinte, representada por Christian Schad y Otto Dix. Sin embargo, también resulta fácil entender por qué Freud, como emigrante alemán, habría querido rechazar cualquier paralelismo con un estilo pictórico del país que había perseguido a su familia.
Retratar la intimidad. 1960-1980
A partir de los años cincuenta, la vida de Lucian Freud suele contarse en términos de eros: amor apasionado, erotismo, deseo carnal y sensualidad. Sus matrimonios, relaciones, aventuras y amoríos contribuyeron tanto a su fama como su obra. La historiadora del arte Linda Nochlin fue especialmente crítica con la exposición de Freud de 1993 en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. La calificó de “belle peinture tradicional y complaciente”, puesta “al servicio de una moderna imaginería aparentemente subversiva en lo sexual”. Aunque reconocía su “genuina admiración por los dones genuinos” y el éxito formal y expresivo de varias obras, cuestionaba la magnitud de la admiración que despertaba Freud y lo que consideraba una “enorme inversión psíquica por parte de tantos mecenas, críticos y comisarios”.
Su condena era, pues, doble. Por un lado, acusaba al negocio del arte y a sus principales agentes —el mercado, los coleccionistas y los museos— de intentar ocupar “el puesto que ha quedado vacante en el mundo del arte tras la muerte de Picasso” con el candidato más probable. Según Nochlin, tanto por su estilo como por su personalidad, el pintor encajaba a la perfección en el papel de “Gran Genio Artístico Masculino Occidental Blanco”. Esta crítica al aparato internacional del arte resulta pertinente y probablemente justificada, aunque no es exclusiva de Freud.
“Las mujeres… son a menudo rubias, están casi siempre desnudas y se muestran en poses pasivas, con las mejillas y los genitales sonrosados; los hombres —es decir, los hombres homosexuales— o bien están desnudos y son pasivos, o están desnudos y resultan monstruosos”. “Por el contrario, los hombres ‘de verdad’, como sir Jacob Rothschild (Hombre en una silla, 1989), están vestidos, posan sentados para ser retratados y se les concede la dignidad de la individualidad mediante unas arrugas e irregularidades que reflejan su carácter”.
A medida que crece su fama, en contadas ocasiones acepta encargos de personajes que le merecían respeto o admiración. Antes, estos debían aceptar sus estrictas condiciones sobre la forma de posar y la duración de las sesiones, siempre en su estudio. Estas obras siguen la tradición de los retratos de poder de Rubens y Velázquez, con los modelos sentados, las manos apoyadas en los brazos de la silla o el sillón y una actitud de introspección. Hombre en una silla (Barón H. H. Thyssen-Bornemisza), de 1985, y Dos irlandeses en W11 (1984–1985) son dos magníficos ejemplos reunidos en la exposición.
«El retrato es la persona»
El retrato es un diálogo. Aunque los modelos de Freud describen sus sesiones de posado como largas y repetitivas, que a menudo requerían cientos de horas, esas mismas horas eran también invertidas por el artista. En sus sesiones abundaban la conversación, el debate, la comida, la convivencia y todo el espectro de la interacción humana, incluido el conflicto y, en algunos casos, el sexo. El tiempo compartido en estas sesiones era, como señala Maria Loh (autora textos del catálogo), un “contrato tácito que se establece entre retratista y retratado”, que requería la confianza y la implicación de ambas partes.

“Utilizo a las personas para inventar mis cuadros con ellas, y trabajo
con más libertad cuando están ahí”.

Pintaba siempre del natural y prefería retratar a personas de su entorno más próximo —amantes, amigos y familiares—, lo que le permitía trabajar con mayor libertad. Su capacidad para expresar en sus pinturas una intimidad no erótica, basada en el cariño, la amistad o el afecto paterno, ha sido poco estudiada.
Esa intimidad queda reflejada sobre todo en sus retratos dobles, como el de su amigo, el pintor Michael Andrews, y su mujer, June (1965–1966); el de sus hijas Bella y Esther (1987–1988), o Dos hombres, de la pareja de artistas Angus Cook y Cerith Wyn Evans.

Freud tuvo muchos hijos con distintas parejas. Algunas de estas relaciones fueron más estrechas que otras y algunas más frecuentes, pero ninguna siguió un modelo tradicional. Aunque algunas de ellas se han hecho públicas en la literatura o en fotografías, se ha prestado poca atención a la escenificación por parte del propio Freud de su papel o de su comportamiento como padre.

Su cuadro En el camino de sirga con Bella, pintado rápidamente y en pequeño formato, muestra un tierno momento de atención paternal hacia su hija pequeña. A diferencia de la mayoría de sus autorretratos, fue realizado a partir de una fotografía tomada por Bernadine, la madre de Bella, por lo que no sitúa al espectador en la posición del artista reflejado en el lienzo, sino que presenta a padre e hija desde la mirada de un tercero. La obra constituye, por ello, una excepción dentro de sus autorretratos.
La ternura de estos cuadros se extiende desde los años sesenta hasta los ochenta y continúa después, en los retratos de los hijos adultos de Freud. En estas obras, compartir el tiempo de la pintura era para él, una forma de construir una intimidad ajena al erotismo.


El poder y la muerte. 1970-1990
El Institute of Contemporary Arts de Londres se convirtió en el centro intelectual de una nueva vanguardia. Instituciones pioneras como la Whitechapel Gallery presentaron al público británico a artistas estadounidenses como Mark Rothko y Robert Rauschenberg.
«Mi trabajo es puramente autobiográfico, es acerca de mí y lo que me rodea. Trabajo con personas que me interesan y a las que quiero, en cuartos que conozco… Cuando miro un cuerpo me da la opción de qué poner en el lienzo, qué me acomoda y qué no. Hay una distinción entre hecho y verdad. La verdad tiene un elemento de revelación acerca de ella.
Si algo es verdadero, es palpable».
El estilo de Freud evolucionó de forma continua y deliberada: del realismo preciso y controlado de sus primeras obras pasó a un modelado más libre y expresivo, en el que adquirieron importancia la pincelada, el pigmento y la expresión. Creía firmemente en el potencial de la pintura como materia y como forma artística. La acumulación de pintura, su manipulación sobre el lienzo y la constante superposición, disposición y modelado de las capas se convirtieron en elementos centrales de su obra.
A partir de los años setenta, el interés de Freud por la pintura y por sus posibilidades materiales se hizo aún más evidente y contundente.
“Utilizo a las personas para inventar mis cuadros con ellas, y trabajo
con más libertad cuando están ahí”.
Esto también puede aplicarse a los retratos que Freud realizó de figuras vinculadas al poder. Dos cuadros titulados Hombre en una silla representan al empresario y coleccionista de arte Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y al aristócrata británico y banquero de inversión Jacob Rothschild.
Para retratar el poder, Freud recurrió a un deslumbrante despliegue de materialidad pictórica. Como señala la pintora contemporánea Jutta Koether, es esta “obstinada insistencia en la pintura… lo que hace a Freud tan interesante«.
El Arte y el Estudio. 1980-2000

Durante casi cuatro décadas, las figuras de los cuadros de Freud aparecen generalmente en espacios que eliminan cualquier referencia a un lugar concreto o identificable. En los pocos casos en que aborda el paisaje, como en Solar con escombros y casas, Paddington, invierte esta lógica: los lugares que representa aparecen sin figuras humanas.
A partir de la década de 1980, el estudio de Freud, tanto como escenario como tema, se convierte en un elemento dominante y recurrente de su obra. Frente al artificio de la pintura galante de Watteau, Freud convierte su estudio en escenario y personaje, generando un “proceso interpretativo que va más allá de la propia obra”.
La carne
Gracias a importantes exposiciones de obra nueva en la Whitechapel Gallery y otros museos, entre 1993 y 1994, y a la muestra dedicada a los grandes maestros europeos en la Dulwich Picture Gallery, entre 1994 y 1995, la pintura de Freud llegó a un público más amplio. Sus nuevos modelos, el performer Leigh Bowery y la entonces inspectora de la Seguridad Social Sue Tilley, inspiraron atrevidos cuadros de gran formato que exploraban -y se deleitaban- en la especificidad del cuerpo humano.
En Leigh Bowery (sentado), Freud representa al modelo desnudo en el escenario habitual de su estudio. Bowery domina el lienzo: sentado con seguridad en la butaca roja, apoya el brazo izquierdo sobre el respaldo y extiende la pierna izquierda sobre el reposabrazos. Su desnudez y su mirada desafiante refuerzan la presencia y la seguridad con las que ocupa el espacio del cuadro, los genitales de Bowery se muestran al espectador junto a su implacable mirada.
“Quiero que la pintura actúe como si fuera carne”, manifestó en 1982, una idea que resume la materialidad de sus rostros y cuerpos y su capacidad para representar la textura de la piel. La representación de la carne sobre el lienzo es quizá el rasgo más constante de su larga trayectoria. Aunque comenzó a pintar desnudos en los años sesenta, fue sobre todo en las últimas décadas, con sus retratos de Leigh Bowery y Sue Tilley, cuando llevó esta búsqueda a un extremo, convirtiéndose en una figura clave en la representación de cuerpos no normativos mediante gruesos empastes que parecen acumular las huellas del paso del tiempo.


Benefits Supervisor Sleeping se convirtió en 2008 en la obra más cara de un artista vivo, cuando Christie’s la vendió en Manhattan por 35,8 millones de libras. La pintura, realizada en 1994, muestra desnuda a Sue Tilley, de 127 kilos, recostada en un sofá. Fue adquirida por un comerciante de arte londinense en nombre de un comprador anónimo. Tilley había posado por 20 libras al día para cuatro pinturas a comienzos de los años noventa y siguió con interés la subasta desde su ordenador.
Declaró al Evening Standard que, «cuando posó para las pinturas, nunca imaginó que ni en 100 años se volverían tan famosas”. Tilley, a quien Freud llamaba “Fat Sue”, se convirtió en una de sus modelos más importantes a comienzos de los años noventa. En el mismo reportaje afirmó que no se sentía acomplejada por las pinturas: “La gente dice tantas cosas bonitas sobre ellas que sería una tontería que me avergonzara. Debería estar orgullosa, y lo estoy”.
Brett Gorvy, director internacional de Arte Contemporáneo y de Posguerra de Christie’s, afirmó que Benefits Supervisor Resting “es reconocida internacionalmente como una obra maestra de Freud que lo sitúa entre los grandes pintores de la figura humana de la historia, junto a Rembrandt y Rubens”.

Sue Tilley, la modelo de Inspectora de la Seguridad Social durmiendo, aparece en varias obras de Freud en actitudes de descanso, demostrando la misma confianza y seguridad. En Durmiendo junto a la alfombra del león, Tilley ocupa una butaca, como Leigh Bowery, mientras el estudio aparece transformado por una espectacular alfombra decorativa colocada verticalmente a modo de telón de fondo.
A pesar de estar dormida, Tilley está pintada con el mismo vigor y cuidado que Bowery. Innumerables pinceladas construyen sus brazos y piernas; las sombras definen el rostro y los pliegues del cuerpo, el juego de luces contrasta con los suaves realces en rótulas, pantorrillas, pechos y mejillas. El cuadro representa un momento de sueño, pero detrás de esa aparente quietud hay horas de trabajo y observación: es el resultado de una “intimidad prolongada”, en palabras de Gregory Salter.
“Quiero que la pintura actúe como si fuera carne”

Uno de los elementos más constantes de Lucian Freud, es la vigorosa representación de la carne. Freud dedicó un autorretrato a explorar la relación entre pintura y carne: la enigmática Pintor trabajando, reflejo.
Esa relación estaba estrechamente ligada a su identidad como pintor y también a su propia mortalidad. Se muestra desnudo, salvo por un par de botas, de pie y de cuerpo entero en su estudio. Con la mano derecha sostiene una espátula y con la izquierda una paleta. El suelo, la pared y la cama del fondo están representados de forma contenida frente a la carne del artista, construida mediante una intensa acumulación de pintura. En la paleta aparecen los mismos remolinos y acumulaciones de color que recorren la figura, como si pintura y carne fueran parte de una misma materia.
Como señala la pintora británica Chantal Joffe (2) para Freud “la carne es pintura y la pintura es carne”.
Notas
1
Daniel F. Herrmann es conservador de la National Gallery de Londres y comisario de proyectos de arte moderno y contemporáneo. Su trabajo relaciona la colección del museo con el arte y la cultura contemporáneos mediante exposiciones, encargos y residencias. Entre sus proyectos recientes destacan Bridget Riley: Messengers (2019) y Rachel Maclean: The Lion and The Unicorn (2018). Anteriormente comisarió en la Whitechapel Gallery de Londres las exposiciones Eduardo Paolozzi (2017), Hannah Höch (2014) y Gillian Wearing (2012). Actualmente trabaja en el catálogo razonado de los grabados del artista británico Eduardo Paolozzi.
2
Chantal Joffe vive y trabaja en Londres. Sus pinturas figurativas, a menudo de gran formato, se caracterizan por sus pinceladas gestuales y su paleta de colores. Estudió un máster en el Royal College of Art de Londres y recibió el premio Charles Wollaston de la Royal Academy of Arts en 2006. Sus obras se han expuesto internacionalmente y forman parte de colecciones como las del Metropolitan Museum of Art de Nueva York y la National Portrait Gallery de Londres. En 2021, los retratos que realizara a su madre se expusieron en el IMMA de Dublín junto a las obras que Lucian Freud realizó sobre su propia madre.
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Todo llega en esta vida. Caminante