De todo un poco.
La carteleria de Giuseppe Riccobaldi del Bava
Giuseppe Riccobaldi del Bava (Italia, 1887–1976) fue una figura destacada de la publicidad gráfica italiana de entreguerras. Formado como pintor e ilustrador, desarrolló un lenguaje gráfico que dialogaba con las vanguardias, desde el dinamismo futurista al geometrismo racionalista. Supo encontrar en la publicidad industrial un territorio fértil para su creatividad.
Su colaboración con FIAT a finales de la década de 1920 coincidió con el auge de la modernidad mecánica en Turín, ya que el automóvil no era concebido sólo como un producto, sino un símbolo de velocidad, progreso y estilo de vida urbano.

El afiche de 1929 sintetiza esa ambición. La palabra FIAT se convierte en arquitectura monumental, tallada como un relieve que serpentea en espiral. Sobre esa “rampa tipográfica” avanzan los automóviles azules, sólidos y elegantes, iluminados por una luz oblicua que resalta sus volúmenes.
Muchos han interpretado esta composición como una alusión poética al icónico circuito del techo del Lingotto, la fábrica con pista de pruebas, convertido aquí en escenario gráfico de la potencia de la marca. Riccobaldi explora así una idea clave de la época: la integración entre objeto, forma y espacio.
Realizó carteles promocionales para el Salon del Automovil de Turín; Publicidades para otras marcas ademas de FIAT, como Lancia, Olivetti, Pirelli, Café Lavazza; Ilustraciones para revistas y anuncios como L`Illustrazione Italiana; Diseño de empaques; Carteles para eventos culturales, es valorada su obra como pintor.

Participó en los concursos de arte de los Juegos Olímpicos de Londres (1948), sección de artes gráficas / pintura.
Sus obras forman parte de catálogos y colecciones de cartelismo italiano de entreguerras.
Están tambien presentes en colecciones y archivos gráficos internacionales, museos, galerías y mercado de pósters históricos), muy valoradas son sus carteleria industrial italiana, su obra se exhibe como parte del diseño publicitario moderno.
Entre los museos figuran el Museo Nazionale Collezione Salce (Treviso, Italia), The Wolfsonian–FIU (Miami Beach, EE. UU.), Poster House (Nueva York, EE. UU.) entre otros.
Price Tower de Frank LLoyd Wright

La Price Tower (1956) es una de las obras más singulares de Frank Lloyd Wright, la definía como “el árbol que escapó del bosque”: un rascacielos concebido a partir de una estructura central —el “tronco”— del que cuelgan los pisos como ramas.
No era una metáfora, sino una convicción estructural: el edificio debía crecer desde un núcleo único, sin pilares perimetrales.
El encargo original no era un rascacielos. Harold C. Price quería un conjunto de oficinas bajas para su compañía petrolera en Oklahoma. Wright, con casi 90 años, respondió con un gesto radical: una torre de 19 plantas en una pequeña ciudad del Medio Oeste, desafiando la lógica económica y urbana del lugar.

Wright insistió en revestir la torre con placas de cobre, anticipando que el tiempo las oscurecería. Hoy la pátina verdosa confirma su intuición: el envejecimiento no era un problema, sino parte del proyecto. Lo mismo ocurrió con los interiores, donde cada mueble fue diseñado a medida; muchos empleados se quejaban de que las sillas eran incómodas, pero Wright respondía que “el confort no es una cuestión costumbre. Hoy funciona como centro cultural, hotel y museo, abierta al público.
La Price Tower sigue siendo un manifiesto de Wright que aún a sus 90 años estaba dispuesto a llevar sus ideas hasta el límite.
Opiniones y críticas históricas

En 1953 la revista Architectural Forum dedicó un artículo de diez páginas al proyecto, manifestando que “nunca se había construido un edificio de oficinas tan alto en una ciudad tan pequeña”, frente a la audacia del encargo y su impacto en el lugar.
En 1955 Christian Science Monitor la calificó como “uno de los edificios más modernos del mundo”.

Thomas W. Ennis, en 1955 en The New York Times la describió como una aparente “inversión del orden natural de las cosas” (a seeming “reversal of the natural order of things”), refiriéndose a la presencia de un rascacielos en el paisaje llano de Bartlesville y a su forma sorprendente.
El crítico y historiador de arquitectura Allan Temko, “es un buen ejemplo de la idea de arquitectura orgánica de Wright, integrando forma y estructura”.
Tras la muerte de Wright en 1959 Walter H. Stern, escribió en The New York Times acerca del contraste entre la Price Tower y otras obras Wright, lo que sugiere una obra compleja y multifacética dentro de su producción.
El Architectural Record en el 2003 afirmó que la Price Tower es “tanto un manifiesto social como una obra arquitectónica”
El arquitecto Tadao Ando la describió “como uno de los edificios más importantes del siglo XX”.

Blair Kamin del Chicago Tribune, calificó los espacios interiores como “un ejercicio ejemplar en el arte del contraste respetuoso”.
La llamaron tanto “un adorno, o una nave espacial”, como una “maravilla de la ingeniería en medio de la pradera” por su audacia tanto técnica como visual.
Antwerp Port House de Zaha Hadid Architects
Antwerp Port House, conocida como Havenhuis (Casa del Puerto) o “el diamante gigante”, es una de las obras emblemáticas del siglo XXI en Bélgica. Fue diseñada por Zaha Hadid Architects, se inaugura el 22 de septiembre de 2016, el mismo año en que falleció la arquitecta a los 65 años, un 31 de marzo en Miami.

Es la nueva sede de la Autoridad Portuaria de Amberes, uno de los puertos más importantes de Europa, en él se reorganizan los servicios administrativos y técnicos del puerto.
El nuevo edificio parte de la decisión de no demoler el histórico y protegido cuartel de bomberos de 1922, una réplica de las construcciones de la Liga Hanseática, la llamada Hansa, era una alianza comercial y urbana formada entre los siglos XIII y XVII por las ciudades portuarias del norte de Europa, sobre todo de las costas del mar del Norte y el mar Báltico.
La estructura nueva no se apoya sobre el edificio histórico, sino en un gran pilar inclinado de hormigón, una estructura futurista suspendida, una solución técnica que permitió preservar íntegramente el inmueble original, lo que convenció a las autoridades que eran reacias al proyecto, ante la duda de como dialogaría lo contemporáneo con lo histórico en un contexto tan cargado de significado como es el puerto de Amberes.

El volumen superior, facetado y brillante, evoca deliberadamente un diamante, aludiendo tanto al comercio histórico de Amberes como a la luz cambiante del río Escalda. El estudio de arquitectura lo ha planteado “como un barco con su proa afilada, listo para zarpar”.
El edificio se compone del edificio histórico inferior, restaurado y convertido en espacios públicos, salas de lectura, biblioteca y recepción y la estructura contemporánea superior con oficinas con abundante luz natural y vistas del puerto y a la ciudad, que esta elevada sobre el edificio antiguo, con vigas facetadas, evocando un diamante de múltiples caras (fue el comercio histórico de Amberes) asi como la proa de un barco señalando el río Escalda.
El revestimiento de vidrio, con distintas inclinaciones, genera reflejos cambiantes, nunca se lo ve igual, dependiendo del cielo, la hora o la estación.
Su estructura se sostiene gracias a dos pilares que contienen los ascensores y escaleras. Tiene 12 800 m² de superficie donde trabajan unos 500 empleados, su diseño incorpora criterios de sostenibilidad, con una calificación BREEAM “Very Good” gracias a sistemas como energía geotérmica y control eficiente de la luz y temperatura.
Críticas y comentarios
Christophe van Gerrewey, crítico belga de arquitectura, publicó el ensayo “War of the Worlds” en The Architectural Review. Zaha Hadid’s Port House in Antwerp” (2017), donde analiza el proyecto desde la teoría arquitectónica, discutiendo… cómo la obra tiene un carácter casi alienígena / de otro mundo frente al tejido histórico y proponiendo una lectura crítica de la intervención en el contexto urbano y patrimonial. sitúa la obra en la discusión contemporánea sobre el “starchitecture” y la relación entre lo nuevo y lo histórico.
En Architectural Record (artículo del 1 de noviembre de 2016), el crítico Hugh Pearman ofrece una valoración que es al mismo tiempo crítica y elogios. Señala que, como muchas obras de Hadid, es “tan fácil de criticar como de alabar”, con una combinación de formas que pueden parecer arrogantes o exageradas cuando se ven en fotografías. Describe la conjunción entre antiguo y nuevo como “una yuxtaposición innegablemente impactante, incluso chocante”, aunque concluye que el resultado funciona tanto como espacio de trabajo como como obra de surrealismo arquitectónico. El debate se centra en el difícil equilibrio entre el impacto plástico y su funcionalidad.
El periodista y crítico Adam Williams escribió en el New Atlas del 26 sept. 2016 que «incluso los críticos más severos no podían acusar a Hadid de ser tímida o complaciente, destacando la audacia formal de la estructura de vidrio». Describe el volumen como un “barco de vidrio elevado, que, aunque puede dividir opiniones, refuerza la presencia de la identidad portuaria de Amberes”.
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